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Blue to Azul http://bluetoazul.com Language Services Mon, 26 Dec 2016 18:46:33 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.1 La mar salada http://bluetoazul.com/la-mar-salada/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=la-mar-salada http://bluetoazul.com/la-mar-salada/#respond Mon, 26 Dec 2016 18:46:33 +0000 http://bluetoazul.com/?p=13260 Cora y Lina eran obreras en una construcción descomunal. Su trabajo consistía en cavar y cavar, creando pasadizos que daban a otros pasadizos y estos a otros más lejanos.
Aunque habían pasado la mitad de su vida inmersas en aquella obra, su piel era tersa y negra como el tizón. Cargaban a sus espaldas pesos impensables y día y noche se las veía ahí, sin pegar ojo. Eran esclavas voluntarias o como aquí se conocen, becarias.
Cora soñaba con la hora de la comida, salir de aquel zulo y engullir cualquier cosa, aunque a veces tuviera que recorrer caminos y caminos para encontrar algo sabroso.
Lina picaba algo a poca distancia del lugar de trabajo y volvía a zambullirse con su pala y su pico. Era una tierra seca, yerma. Nunca, jamás, desde que Cora y Lina llegaron al lugar había caído una sola gota del cielo. Muchos temían la lluvia porque nunca la habían visto, ni sentido, ni olido. Solo sabían que a muchos, muchos, muchos pasos de allí existía un campo completamente inundado por lluvia salada. Lina temía que algún día su campo quedara bajo el agua y su obra se despedazara como un trozo de miga de pan en un vaso de leche. Pero también era cierto que todo lo oído no eran más que historias, nada se sabía con certeza.
Un día, Cora salió a comer y al volver comentó lo gris del cielo y un olor extraño. Al instante se corrió la voz, y los más ancianos predijeron lluvia. Lina se cobijó al lado de Cora, asustada rezando en todos los idiomas y religiones que conocía, poquitos, para que mentir. Preguntó una y otra vez si una vez que empezaba a llover ya no paraba, si era así como se creaban los mares. Nadie tuvo respuesta.
Para demostrar a Lina que la lluvia no era tan peligrosa como decían, Cora salió a tierra y esquivó con agilidad las primeras gotas de la tormenta. Lina la miraba desde un huequecito, aterrorizada pero al mismo tiempo admirada por la valentía de su compañera. Cora no tardó en encontrar refugio ya que en sus largos paseos en busca de comida había acabado por conocerse toda la zona.
Aquel huequecito hundido en la tierra, aquel hormiguerito de barrio que daba cobijo a Lina atrajo a la gran gota de la tormenta y cubrió a Lina por completo. Su cuerpo negro, sus antenas, sus patas. Todo su ser quedó envuelto en un océano dulce, infinito, eterno. Al momento la tierra de su alrededor absorbió aquel intento de pezmorfosis y Lina quedó libre y aturdida, pero libre.
La tormenta pasó. Todo quedó como antes. Ninguna otra hormiga pudo sentir la lluvia, ni siquiera Cora. La lluvia siguió siendo una leyenda para todas ellas menos para Lina que la pudo experimentar y sentir, pudo nadar, por un instante, en la dulzura de la mar salada.

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La flor de Lampedusa clama: Oihu loreak–Ken Zazpi http://bluetoazul.com/la-flor-de-lampedusa-clama-oihu-loreak-ken-zazpi/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=la-flor-de-lampedusa-clama-oihu-loreak-ken-zazpi http://bluetoazul.com/la-flor-de-lampedusa-clama-oihu-loreak-ken-zazpi/#respond Thu, 25 Aug 2016 16:18:30 +0000 http://bluetoazul.com/?p=13226 Polita izan zen proiektu honen parte izan ahal izatea. Gaurkotasun handiko gaia maitasunez eta goxoki lantzen dute. Abestia gaztelerara eta ingelesera itzuli nuen, baina oraingoz gaztelerazko bertsioa bakarrik aurkitu dut. Bideoklipa potentea da.

Fue muy bonito poder colaborar en un proyecto que trata con tanta dulzura y delicadeza un tema tan triste y de actualidad como este. Traduje la canción al español y al inglés, pero por ahora solo he podido encontrar la versión en euskara con subtítulos en español. El videoclip es potente.

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http://bluetoazul.com/te/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=te http://bluetoazul.com/te/#comments Wed, 17 Aug 2016 19:05:17 +0000 http://bluetoazul.com/?p=13208 La bolsa de té comienza su vida envuelta en un atuendo de papel. La bolsita verde o la roja, la de las frutas rojas de papel piramidal, la manzanilla entre sabanitas azules.

Su estación natal es el invierno; todas sus hojas secas y frías. Así es como se conocen al nacer, “secas” se piensan ellas durante todo su primera estación.

El medio natural de la bolsa de té es la familia. Aunque todas huérfanas, las bolsas son entre ellas hermanas y comparten su invierno a sabiendas de que para unas acaba antes que para otras. Este invierno conocido por nosotros, los observadores, como un estado pasajero es para ellas el principio y el fin de todo lo conocido. Ninguna de las veinte hermanas vuelve jamás a vivir un invierno, ninguna de ellas vuelve para contar que ocurre tras ser arrancada del angosto pero acogedor y siempre perfumado hogar.

Lo cierto es que a la bolsa de té no solo se la deseca sino que también se le borran las pequeñas gotas de recuerdos que recogen en su primavera, estación de su verdadero nacimiento. Todo se queda ahí donde para ellas nada existe, el único sentido despierto, el que les recuerda su condición de té, es su propio aroma y el de sus hermanas.

Su misión en la vida les es desconocida. Deleitan su existencia en oler y adorar a sus hermanas; el color de su envoltorio; los diminutos relieves de sus bordes; la suavidad del roce las unas contra las otras. No esperan nada, sin embargo conocen lo inevitable; uno de los pocos recuerdos que no se deja secar es el recuerdo de la pérdida; huelen el ambiente y esperan ansiosas a que la pérdida absorba para siempre a una de ellas. La extracción ocurre de forma aleatoria, pero, carentes de lágrimas, son incapaces de llorar. El no saber quién seguirá a la última hace que se huelan con más intensidad, tejen sus recuerdos en medio del frío y la sequedad, disfrutan de su invierno, largo, eterno pero finito; convencidas de que así es la vida, de que eso es todo.

La bolsa de té se desprende de sus hermanas al término de su estación particular, aprovechado a su manera, siempre diferente al de sus hermanas, pero siempre igual. Es la primera vez que entra en contacto con otro ambiente, con otros perfumes. Su mundo se abre, se expande. Claro, ya está demasiado lejos de su hogar como para contar los olores, los relieves, los colores, el mundo. Esta experiencia queda para ella sola y sabe gozarla en la medida en que gozó de su invierno.

La transición convulsa entre una estación certera y la estación insospechada se rompe cuando la bolsa de té se hunde involuntariamente en el denso calor de la humedad. La sorpresa del principio, la angustia del ahogo se disipa; la bolsa de té asume con dignidad su desaparición y al hacerlo deja al instante de desaparecer para flotar en la explosión de su propio perfume.

La bolsa de té entonces florece por segunda vez, ahora a la estación del verano; sus pequeñas hojitas se hinchan y reconocen el éxtasis de sus recuerdos recuperados, su origen y la larga estación de la primavera que fue una progresión al olvido de la sequedad. Su invierno no fue gélido, ni siquiera improductivo, fue simplemente prolongado y aislado de todo un ciclo vital. La comprensión de su alrededor es completa; fluye y flota y se deja recorrer por el líquido ardiente que se balancea, se mezcla y se une con su misma esencia. La bolsa de té es también líquido y hojas y el observador que la bebe, y sus labios, boca y garganta extrañamente frías y húmedas al mismo tiempo. Dentro de este entendimiento ella asume como misión la de contagiar el verano en el progreso de su expansión.

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New York Pavements–Edward Hopper http://bluetoazul.com/nullam-eget-elit-ante/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=nullam-eget-elit-ante http://bluetoazul.com/nullam-eget-elit-ante/#respond Mon, 03 Nov 2014 19:06:15 +0000 http://avada.theme-fusion.com_demos/portfolio/?p=11976  

“And this is a nun in New York. It looks kind of windy. The truth is she is running away. It was 12 years ago when she decided to join the church. She was having real fun praying, in the garden, praying, cooking, praying, sewing. They also took care of babies. Lots of babies. They welcomed new babies every week: blond, blue eyes, 27 inches, 6 months old; brunete, green eyes, 30 inches, 1 year old. She loved them, how not. And then, she found out: nuns were buying and selling the kids. It took her 12 years to figure that out; she was a tad thick but happy, after all.

So, one morning, this very morning, she was given permission to take one of the kid to the doctor, but, instead, she ran and ran. She is still running, no one knows for how long. Maybe, she will call the cops. Or maybe not.

We just know that she is running right now, and that it looks kind of windy.”

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